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La conducta de ayuda: ¿Por qué NO ayudamos a los demás?

En los últimos días, medio mundo se ha conmocionado ante lo ocurrido en la maratón de Australia el pasado 15 de abril. De ahí que haya resurgido el interés por el funcionamiento de la conducta de ayuda.

La conducta de ayuda

Por si alguien no se ha enterado, os pongo en antecedentes. El citado día, uno de los corredores que iba en cabeza, Callum Hawkins, sufrió un colapso y se desplomó a dos kilómetros de la meta. La polémica surge porque, tras su caída, nadie acude a prestarle ayuda. La organización tardó en responder. Los espectadores, situados a escasos centímetros de su posición, se limitaron a grabar y a hacer fotos con sus teléfonos móviles. El corredor que venía detrás pasó de largo.

En este enlace podéis encontrar uno de los muchos vídeos que circulan por Internet al respecto.

https://tv.libertaddigital.com/videos/2018-04-16/verguenza-en-la-maraton-hawkins-se-desploma-y-nadie-le-ayuda-6064675.html

¿Por qué nadie se acercó a ver qué le ocurría? ¿Por qué nadie le prestó ayuda ante una situación en la que parece evidente que la necesitaba? Estas son las preguntas que todo el mundo se hace en los últimos días.

En este artículo abordaré estas cuestiones, definiendo las conductas de ayuda, y tratando de resolver porqué las personas, en numerosas ocasiones, no ayudamos a los demás.

¿Qué es la conducta de ayuda?

En primer lugar, vamos a definir qué es una conducta de ayuda. Una conducta de ayuda sería cualquier acción que beneficie o mejore el bienestar de otra persona. Un ejemplo podría ser dar agua a Callum Hawkins tras haber caído desplomado en el suelo.

La conducta de ayuda es cualquier acción que beneficie a otra persona

Es importante no confundir este tipo de conductas con el altruismo. La principal diferencia entre ambas consiste en que, en las conductas altruistas, la persona que las realiza no piensa en sus propios intereses. Solamente centra su atención en las necesidades de aquella persona a la que ayuda.

¿Por qué ayudamos?

En líneas generales, el porqué de las conductas de ayuda podría explicarse debido a tres motivos diferentes:

Aprendizaje. Como cualquier otra conducta, la acción de ayudar a los demás también se aprende.
Valores. Ya sean morales, personales y/o sociales. Todos tenemos una serie de normas interiorizadas que nos indican cuándo ayudar.
Activación. Queramos o no, las personas nos activamos fisiológica y emocionalmente ante el sufrimiento de los demás. Esta activación puede desencadenar conductas de ayuda.

A estos factores debería sumarse la influencia que ejerce la cultura dominante. Por ejemplo, en las sociedades occidentales predomina un modelo social individualista. Este modelo de sociedad no fomentaría de igual manera las conductas de ayuda que otro más colectivista. Asimismo, el ambiente también influye notablemente. A modo de ejemplo, es sabido que las personas que viven en entornos hostiles tienden a no prestar ayuda a desconocidos.

Ayudamos a los demás por aprendizaje, valores y activación emocional

Pensemos ahora en el caso del maratonista Hawkins. Probablemente, a todos los espectadores de la carrera les provocó activación ver cómo caía al suelo por un colapso. También existe una gran probabilidad de que todos ellos aprendieran de pequeños que hay que ayudar a las personas cuando necesitan atención médica. Conocer los valores de esas personas es más complicado. Pero creo que no nos equivocamos si planteamos que muchos de ellos tengan valores relacionados con la atención a las personas en situaciones de vulnerabilidad.

Entonces, ¿cómo puede ser que nadie llegara a dar el paso para ayudarle? ¿Qué pudo ocurrir?

¿Por qué NO ayudamos?

A menudo, a pesar de que se cumplan todos los supuestos para ayudar a los demás, no lo hacemos (como en el caso que nos ocupa). Esto puede ocurrir por los motivos que os explico a continuación:

Atribución de culpabilidad. Si, ante una situación, valoramos que la persona que necesita ayuda es culpable de lo que le ha sucedido, es altamente probable que decidamos no ayudarla. Tendemos a pensar que si “se lo ha buscado” no es problema nuestro. Y, consecuentemente, no actuamos. Pongamos como ejemplo el caso de Callum. Puede que algún espectador atribuyera su colapso a falta de entrenamiento, o a una mala hidratación durante la carrera. Y que por eso no actuara en su ayuda.

• Efecto de los espectadores. También podríamos denominarlo difusión de la responsabilidad. Esto quiere decir que, cuanta más gente hay siendo testigo de una situación en la que se requiera ayudar, menor es la probabilidad de que alguien dé el paso. Al haber mucha gente, todos tendemos a pensar que “ya ayudará otro” o “ya llamará alguien a la ambulancia/policía/bomberos…”. En consecuencia, nosotros no tenemos que preocuparnos ni involucrarnos. En mi humilde opinión, considero que esta es la hipótesis que mejor explicaría el caso del que hablamos.

• Balance coste-recompensa. Si ante una situación crítica tenemos tiempo para reflexionar, y valoramos que ayudar va a ocasionarnos algún coste, es altamente probable que no lo hagamos. Por ejemplo, si vemos un accidente de tráfico desde nuestro coche pero valoramos que es peligroso parar en esa zona de la carretera, lo más probable es que no nos decidamos a hacerlo.

Es probable que no ayudemos si atribuimos culpabilidad a la víctima, si hay muchos espectadores o si se valora un coste por la ayuda

Para terminar

No me gustaría terminar el artículo sin aclarar una cuestión. El objetivo perseguido analizando todo esto no es, ni mucho menos, juzgar a nadie. Todos somos humanos. Por lo tanto, todos nos adscribimos a lo que acabo de contar. Y todos podríamos haber permanecido impasibles en esa situación. Simplemente se trata de conocer por qué actuamos como lo hacemos. De este modo, podremos ser conscientes de ello y actuar en consecuencia. Pues, como bien decía Alejandro Magno:

“Recuerda que, de la conducta de cada uno, depende el destino de todos”.